Aprovechando un hueco libre imprevisto que me ha surgido en el horario he cogido todos los cacharros de observación de aves y me he ido a hacer una visita rapidita a la Marjal dels Moros. La Marjal es uno de mis lugares favoritos para observar aves y merece que un día le dedique una entrada para presentarla en sociedad, pero la entrada de hoy, como mi visita, tiene que ser express. Así que de forma rápida definiremos la Marjal como un humedal costero (apenas separado del mar por unos metros de tierra). Después de los meses de verano ha llegado a estar seca casi por completo, pero por lo que he podido ver estas últimas lluvias le han venido muy bien y vuelve a estar pletórica. Durante el invierno se convierte en un lugar tranquilo para las anátidas ya que no se puede cazar, en cambio, en verano es un hervidero de charadriformes debido a las colonias de cría existentes, principalmente de estérnidos.
Hoy presentaba un aspecto interesante. Nada más llegar he podido oir que el carrizo estaba lleno de vida. Los cantos del ruiseñor bastardo (Cetia cetti) y el mosquitero común (Phylloscopus collybita) delataban su presencia entre la espesura. Poco a poco he podido ir viendo otros paseriformes que salían de él. Han pasado ante mis prismáticos carricero común (Acrocephalus scirpaeus) y pechiazul (Luscinia svecica) (el primero de la temporada para mí). También por las orillas he podido toparme con una lavandera cascadeña (Motacilla cinerea) que perseguía insectos por el carrizo muerto. Y viendo a la lavandera he visto algo que me ha llamado la atención. Había una polla de agua (Gallinula chloropus) por el carrizo, pero también algo más, aunque no se dejaba ver. Después de unos segundos de tensión se ha asomado un rascón (Rallus aquaticus) que ha estado paseándose por allí con más valentía de la que nos tiene acostumbrados, aunque sin alejarse mucho de la protección que ofrecía la vegetación.
Después de disfrutar del pequeño rálido me he ido a otra charca donde saltaba a la vista que las primeras anátidas ya han llegado.

Sobretodo había ánade real (Anas platyrrhynchos), pero fijándome un poco he podido encontrar ánades rabudos (A. acuta) y frisos (A. strepera), cerceta común (A. creca) y pato cuchara (A. clypeata) y colorado (Netta rufina). Compartían el lugar con los patos una buena cantidad de garzas reales (Ardea cinerea) y cormoranes (Phalacrocorax carbo). Así como unos cuantos calamones (Porphyrio porphyrio).
Y aquí he decidido dejarlo pues sólo tenía tres cuartos de hora libres y se estaba agotando el tiempo, había que volverse. Supongo que este fin de semana volveré, ya que si en tan poco tiempo y visitando sólo dos lugares he podido identificar cerca de cuarenta especies distintas quiere decir que es el momento perfecto para visitarla.
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