25 de junio de 2009

De pajareo por el Pirineo: Parte III: Senda de los Cazadores, Faja de Pelay y Gradas de Soaso



Para el domingo planeamos una excursión mucho más clásica que la del día anterior. Tomaríamos la Senda de los Cazadores para alcanzar la Faja de Pelay y desde allí avanzar hasta el fondo del valle, a la cascada de Cola de Caballo. Después bajaríamos por la pista que recorre la parte baja pasando por las Gradas de Soaso y atravesando el Bosque de las Hayas. La ruta, en principio, no ofrece ninguna complicación. Salvo el duro ascenso por la Senda de los Cazadores, donde se salvan algo más de seiscientos metros de desnivel por una fuerte pendiente.



Por la mañana, mientras esperaba a que los demás salieran a desayunar, me di una vuelta por los alrededores del refugio. Encontré un pequeño claro entre los árboles donde no paraban de moverse algunas aves. Identifiqué rápidamente a los pinzones (Fringilla coelebs) y verdecillos (Serinus serinus) que por allí cantaban. De nuevo, volví a escuchar un reclamo familiar. Un grupo de camachuelos (Pyrrhula pyrrhula) se alimentaban en un arbusto bajo. Era un grupo de hembras o jóvenes. Intenté sacarles alguna foto, pero el viento y la poca luz que había se esforzaron en impedirlo.


Cutrefoto de un jovenzuelo de camachuelo común

Después de desayunar recorrimos en coche la pista que sale del valle de Bujaruelo y nos dirigimos al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Dejamos el coche en el parking de la pradera de Ordesa, justo a la entrada del valle. Justo nada más bajarnos, en los arbolillos que había por el parking vi a unos pajarillos que se perseguían y peleaban. Me eché los prismáticos a los ojos: carbonero garrapinos (Periparus ater) y... ¡Sorpresa! Carbonero palustre (Poecile palustris) segunda especie nueva que veo y apenas había empezado el día.


Muy contento con el avistamiento (que fue muy bueno, pude ver al pajarillo a placer) me ajusté la mochila y me encaminé a la Senda de los Cazadores. Como ya he dicho el ascenso es duro, pero además se nos hizo pesado porque pillamos una excursión que llegaba en autobús, por tanto, aquello estaba lleno de gente. Una vez más, el canto de algunas aves ayuda a hacer más ameno el ascenso. Los pinzones, agateadores (Certhia brachydactyla), herrerillos (Cyanistes caeruleus)... que viven en el precioso bosque por el que se asciende intentan hacernos olvidar lo que nos está costando remontarlo.


Por fortuna, esta excursión, tiene un premio enorme nada más llegar al punto más alto. Un mirador nos da una vista preciosa de todo el Valle de Ordesa, regalándonos una vista preciosa y un lugar perfecto para pararse a descansar. Decidimos pasar allí un buen rato para así dar tiempo a la excursión del autobús a alejarse y poder hacer el retso de la ruta algo más tranquilos.

Aquí se puede apreciar el desnivel salvado

Mientras el resto del grupo se dedicaba a mirar al otro lado del valle, viendo como la gente atravesaba la Faja de las Flores y las Clavijas de Cotatuero, yo me dediqué a los pájaros. Un valiente arrendajo (Garrulus glandarius) estuvo dando vueltas a nuestro alrededor, por los árboles, esperando a que nos largásemos para hacerse con "su parte" de nuestro almuerzo.

Arrendajo

También nos observaban entre las copas algunos carboneros garrapinos. Fuera ya del bosque, se alimentaban aviones comunes (Delinchon urbicum) y roqueros (Ptyonoprogne rupestris), así como algunas chovas (Pyrrhocorax sp.) demasiado altas como para identificarlas y volaba algún buitre leonado (Gyps fulvus). La sorpresa la dieron un grupo de rebecos (Rupicapra rupicapra) que se perseguían y jugaban unos metros más abajo que nosotros. Tras disfrutarlos un rato y ya completamente solos iniciamos la marcha.


Después de haber ascendido por la Senda de los Cazadores la ruta se vuelve de lo más tranquila y sosegada por la Faja de Pelay. Te da una vista preciosa de todo el valle dada la altura a la que caminas y se mantiene prácticamente todo el tiempo a nivel, así que una vez realizado el esfuerzo inicial ya está todo hecho.


Las especies que íbamos viendo se repetían con lo ya visto, salvo algún mirlo (Turdus merula)(Corvus corax) en las alturas. Cuervos que, junto con los buitres, me hacían pararme de vez en cuando pensando que pudieran ser "otra cosa", y con "otra cosa" me refiero obviamente al quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Me habían dicho que en Ordesa era fácil verlos y yo ya estaba empezando a desesperarme de ver que me volvía de Pirineos sin ver la especie que más ganas tenía. despistado y algún cuervo


Seguimos avanzando, disfrutando del paisaje, tratando de identificar tal monte o tal otro o hablando de unas rutas y de otras, hasta que llegamos a las proximidades de la cascada de Cola de Caballo. Decidimos comer en la parte alta de la Faja de Pelay, ante sde bajar hacia el valle para poder hacerlo más tranquilos, ya que la cascada estaba llena de gente. Durante la comida nos acompañaron algunas aves que se acercaron a curiosear: carbonero garrapinos, chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus), cuervo, acentor común (Prunella modularis)...


Después de descansar y reposar la comida hicimos los pocos metros que nos separaban de la cascada entre cantos de acentores comunes (estaba lleno de estas aves el último tramo de la senda). Decidimos acercarnos rápidamente hasta la base de Cola de Caballo y continuar después nuestro descenso hacia la pradera. Había visto ya otras veces (siendo más pequeño, en excursiones con el colegio) la cascada, pero una vez más me sorprendió. Creo que es uno de estos sitios que por muchas veces que veas siempre gusta volver a ver y siempre te vuelve a sorprender.


El descenso se iniciaba por una praderita en la que pacían numerosas vacas con sus terneros. Entre ellas era fácil localizar algunos bisbitas alpinos (Anthus spinoletta) y chovas piquigualdas.

Me gustó esta guardería de terneros

Esta senda que tomábamos ahora discurre todo el tiempo junto al río Ara. Lo que permitió que se sumaran a la lista de aves vistas del día un par de mirlos acuáticos (Cinclus cinclus). Este paseriforme es un ave que nunca dejara de sorprenderme. Allá donde la corriente es más fuerte, y donde parece más difícil que un ave tan pequeña como es, pueda moverse, aparecen ellos.


Seguimos caminando sin muchas novedades hasta llegar a las Gradas de Soaso. Estas cascadas son otro de esos puntos en los que podrías pasarte todo el día sin cansarte de mirarlas. Después de unas cuantas fotos y de disfrutar el frescor que emanan continuamos con nuestro avance.

Principio de las Gradas de Soaso

Entonces llegaron los ¿Cincuenta segundos? más intensos de todo el fin de semana. Un mirlo acuático se sumerge a pocos metros de distancia de mi. Mientras lo veo, por el rabillo del ojo, noto un ave cruzar el camino. Me giro para observarla, especie nueva para mi, curruca mosquitera (Sylvia borin). Sé que sorprende un poco que esta especie sea nueva, pero en Valencia no se ven y durante el paso son más bien escasas. Intento observarla lo mejor posible durante los segundos que permanece entre las ramas de un árbol cercano, después desaparece. Esto contentísimo con la observación, pero todavía no ha terminado todo, todavía quedarán unos diez segundos. Levanto instintivamente la vista y veo una silueta que se recorta contra la roca. Sin necesidad de llevarme los prismáticos a los ojos ya sé lo que es. Pero quiero verlo mejor. Con manos temblorosas los levanto y por fin los puedo decir: ¡Quebrantahuesos! Un adulto precioso. Vuela rápidamente hacia un recodo de la montaña tras el que se pierde. Ha sido una observación breve, pero la he disfrutado como la que más. Y si sumamos todo lo que se vio en tan corto lapso de tiempo la felicidad por el acontecimiento aumenta.


Mucho más contento (y por que no decirlo, relajado) continuo con el descenso. No tardamos en internarnos en el Bosque de las Hayas. Un lugar bonito, y casi mágico, que merece la pena disfrutar. Cantaban tantas aves a la vez que resultaba difícil identificar cada uno de los cantos: ahora un pinzón, interviene entonces un carbonero común (Parus major), después un herrerillo, a la vez un... un momento, ¡Ese vuelve a ser el agateador norteño (C. familiaris)! de nuevo me vuelvo loco intentano encontrarlo. Pero el área de bosque que me rodea es enorme y los árboles también. Consigo localizar a alguno de los cantores y a otros que se alimentan por el suelo. Pero no hay manera con el agateador y eso que no para de cantar. ¿Dónde se habrá metido? De pronto todo silencio. Me vuelvo a rendir con esta ave. Ya llegará el momento de verla.

Bosque de las Hayas

El camino se inclinaba ahora más, mientras que el río, formaba unas espectaculares cascadas. Había varios miradores a lo largo del camino para poder verlas en todo su esplendor. Una vez más, la presencia de mirlos acuáticos en este lugar me deja sorprendidísimo.


Cerca de uno de los miradores había un claro en las copas de los árboles. Por algún motivo decidí no bajar a ese y quedarme en el lugar ¡Bendita decisión! Mientras esperaba miré al cielo. De nuevo esa silueta. De nuevo la aceleración del pulso. ¡Un segundo quebrantahuesos! Este lo veo mucho mejor y durante más tiempo. Es un ave preciosa. Merecía la pena venir hasta aquí y el sufrimiento por verla, se disfruta mucho más.

El tramo que nos quedaba hasta la pradera lo hice contentísimo. Estaba muy satisfecho con mi visita a esta cordillera tan característica. Aún pude observar algunas especies más: petirrojo (Erithacus rubecula), lavandera blanca (Motacilla alba)... pero lo mejor ya lo había visto. Cuando llegué al coche tenía sensaciones un tanto dispares. Quería volver a casa para contarlo y asimilarlo todo. Pero también quería quedarme allí, ver lo que me había faltado y volver a ver lo que ya había visto. Pirineos es un lugar precioso y del que me imagino será difícil cansarse.


Fuimos a Torla a tomar algo y a despedirnos del lugar. al día siguiente volveríamos a la tórrida València veraniega. Y algunos, a los exámenes.

El resultado global del viaje. Pues como digo, muy satisfecho. Cuatro nuevas especies para mí: Pyrrhula pyrrhula, Poecile palustris, Sylvia borin y Gypaetus barbatus. Una que se quedó a medias, ya que sólo la oí cantar: Certhia familiaris. Y la que yo suponía más difícil resultó serlo, y por tanto me quedé sin verla: Dryocopus martius. Otro buen montón de especies de aves identificadas (63) y algunas de mamíferos imposibles de ver en estas cotas.

3 comentarios:

Brookei dijo...

Impresionante!!!!!!!!! Si es que Aragón es vida!!!!!! Has estado por alguno de los sitios más bonitos que tenemos por el Pirineo y hacer la ruta de los Cazadores... es todo un mérito, tiene su paliza.

Ahora mismo estoy currando, o eso creía, pues por unos minutos he andado de nuevo por Bujaruelo, por Ordesa, recordando tiempos en los que realizaba la GR-11.

Un montón de especies, 4,5 bimbos y unos paisajes de impresión!!! espero que con esto nos brindes pronto otra visita, pero esta vez con parada en la capital del Cierzo.

Un fuerte abrazo Alex

Pablo C.L dijo...

Tiene delito ser aragonés y no haber visitado esa maravilla de paisaje...

Impresionantes fotos, y contado, como siempre estupendamente¡¡¡ qué envidia...

Un abrazo, partícula negativa¡¡¡

Álex Alamán dijo...

Desde luego que tiene delito, Pablo, pero se te perdonará si nos llevas a ver hortelanos!! Jajaja

Gracias a los dos mañicos por los comentarios. Tenéis una tierra estupenda.