Hoy he sacado un hueco en los estudios para acercarme con Rafa Muñoz a Gandía (València) a ver si conseguíamos pillar a los 10 negrones especulados (Melanitta fusca) que llevan localizados en la zona desde el día 5 de enero.
Después de una noche horrorosa en la que el viento no paraba de llamar a mi ventana, la mañana no ha sido distinta, viento, viento y más viento.
De camino a Gandía (a eso de las 7:30 de la mañana) el coche daba bandazos en la carretera tras recibir golpes de viento. En el puerto (donde se habían visto los negrones) la cosa no era distinta y el viento de poniente no cesaba en su intento de tirarnos al suelo. Normalmente cuando sopla desde el oeste el mar está calmado, como una balsa de aceite. Hoy la fuerza era tal que estaba todo revuelto y con olas grandecitas, eso sí, en lugar de ir hacia la playa volvían de este hacia el interior.

Nos hemos metido en el puerto a ver si había suerte y los negrones hubiesen entrado allí para refugiarse, pero allí sólo había gaviotas de Audouin (Larus audouinii), reidoras (L. ridibundus) y alguna patiamarilla (L. michaellis). Junto a ellas unos charranes patinegros (Sterna sandvicensis) que pescaban realmente cerca de nosotros. Además era alucinante verlos volar contra el viento a escasos metros sobre nuestras cabezas. También algún cormorán grande (Phalacrocorax carbo) y garza real (Ardea cinerea) han entrado a refugiarse.

Pasado el rato hemos decidido ir a probar suerte en otros lugares más resguardados y las aves habían acudido a descansar del viento. El primero de ellos ha sido el Estany de Mareny (Cullera). Allí nos hemos encontrado con que había casi más oleaje que en el mar y que la fuerza del viento tampoco era mucho menor.
En cualquier caso había algunas aves por allí. Un grupito de cormoranes sobre una barca, fochas comunes (Fulica atra), garcetas comunes (Egretta garzetta), ánades reales (Anas platyrrhynchos) y un somormujo lavanco (Podiceps cristatus). También los omnipresentes charranes patinegros y gaviotas reidoras. Nos hemos entretenido haciendo algunas fotos y hemos continuado.
De aquí nos hemos ido hacia el Faro de Cullera. Un buen lugar donde terminar una jornada de pajareo marino. La luz allí ya era muy buena, pues la mañana estaba bastante avanzada. Además la mayoría de las aves volaban realmente cerca de la costa (cosa que no esperaba que sucediera, pues el viento en teoría las empujaba hacia adentro).
Lo más interesante aquí han sido las pardelas baleares, que pasaban volando a velocidades de vértigo, cruzándose entre las olas y sin dar un sólo aleteo (cosa poco común en la balear) así como tomando una cierta altura para luego dejarse caer otra vez hacia el agua. También ha sido interesante ver a los alcatraces (Morus bassanus) pasar en grupitos dispersos (de cuatro o cinco ejemplares) pero muy cerquita, pudiéndose apreciar todos los detalles cuando los mirabas con el telescopio. Por último me ha resultado curioso el comportamiento de las garzas reales, que no paraban de entrar hacia el mar e intentar volar contra el viento. Me pregunto para qué lo hacían.

Cuando ya dejábamos Cullera un águila calzada (Hieraaetus pennatus) ha salido ha despedirnos. Un buen punto final de jornada. Ahora a coger fuerzas para el estudio.
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