10 de mayo de 2009

El Ruiseñor de las Anillas: la Comunidad de la Anilla



Una fina neblina cubría la apacible Comarca. El río Túria corría alegremente por su cauce. Luscinio Bolsón podía oírlo bien. Se dirigía volando hacia el denso Bosque Viejo, una oscura mata de carrizo que crecía a la orilla del río desde la que pensaba cantar sin parar hasta que una bonita chica se acercara a él o sus pulmones le dijeran basta.



Pronto, su potente canto retumbó en el bosque, y supo que las féminas no tardarían en llegar. Una ruiseñora preciosa apareció al otro lado del claro en el carrizo.
Luscinio siguió cantando con fuerza mientras ella le guiñaba un ojo y sonreía levemente. En ese momento el Bolsón supo que había caído rendida a sus pies. Le indicó que se acercara con un leve gesto de la cabeza. Ella se dispuso a cruzar el claro con alegría, pero de pronto, quedó suspendida en el aire, como agarrada en un campo mágico invisible. Luscinio pensó que salvar a la damisela en peligro sería una buena forma de ganársela, así que, haciendo acopio de todo su valor se lanzó a liberarla. Pero el valor no fue suficiente y el joven ruiseñor acabó atrapado en la red mágica que algún ser malvado (sin duda) había colocado allí.



Pasó un breve periodo de tiempo y apareció un grupo de Gente Grande. Sin duda estaban perdidos. Probablemente serían esos cazadores de los que tanto había oído hablar. Seres malvados que poseían unos tubos mágicos que escupían fuego.

Pero no fue en absoluto lo que esperaba. Aquellos seres lo trataron con la suavidad de los elfos. Lentamente y con mimo lo liberaron del campo de fuerza que lo mantenía suspendido en el aire. Llevaron a Luscinio y a su nueva conocida hasta una extraña plataforma llena de curiosos aparejos, anotaciones y objetos brillantes que no quiso saber qué eran. No habían acabado con él antes, pero seguramente ahora utilizarían alguno de esos instrumentos para dañarlo.


Una vez más se equivocaba. Aquellos aparatos no sirvieron para hacerle ningín daño. Sólo los utilizaron con la habilidad de los maestros ingenieros enanos para tomarle algunas medidas y murmurar algo sobre lo grande que era y lo "machote" que les parecía mientras apuntaban en sus hojas.
Aunque también dijeron algo que le indignó, que era un jovenzuelo, un edad cinco. A él, que había demostrado su madurez y valentía le llamaban simplemente jovenzuelo.
Uno de aquellos seres cogió uno de los objetos que reposaban todavía sobre la mesa, y puso en la punta una especie de pulsera metálica y la acercó a su pata. En ese momentó se fijó en la seriedad que reflejaban sus rostros. Y, para su sorpresa le hablaron:

-Escúchanos, pequeño-le dijeron en un tono solemne.- En este momento vas a convertirte en un caballero. Vamos a encomendarte una misión que sólo los más valientes y duros ruiseñores son capaces de realizar, confiamos en tu fortaleza (en este momento olvidó aquello que habían dicho de su edad cinco). Te hacemos entrega de esta Anilla de Poder. Tu misión será llevarla hasta el norte, muy al norte, a Holandor. Y conseguir que llegue sin sufrir daños hasta las Redes del Destino.
No será una misión fácil. Habrás de elevarte sobre las Montañas Nubladas, cruzar las Llanuras de Frohan, pasar junto a la Torre Eiffelhanc, enfrentarte a cientos de enemigos como Ella-Lahalcona o los accipítridos de Moria. Pero confiamos en que lo conseguirás. De ti depende que este anillamiento no sea en balde. Confiamos que entiendas la importancia de la misión.


Luscinio, consciente de que acababa de convertirse en un personaje importante asintió, pero dudó de si seria capaz de hacer todo aquello solo. Como si fuesen capaces de leerle el pensamiento, la Gente Grande volvió a hablar:


-Para ayudarte en tu misión hemos entregado Anillas de Poder similares a estos ocho compañeros (Luscinio vio con alegría que su amiga era uno de los ocho). Juntos debéis viajar y apoyaros unos a otros, como una comunidad, seréis la Comunidad de la Anilla. Nueve partís en busca del Señor de las Anillas, que nos informará del éxito de vuestra misión. Mucha suerte mis valientes. El destino de esta investigación está en vuestras manos...

Había escrito una jornada de anillamiento normal, pero cuando he escrito el título de la entrada he preferido borrarlo todo y escribir algo más entretenido (y sí, lo reconozco, bastante friki), por variar un poco.
Hemos estado anillando en el
río Túria, y al igual de la otra vez los amos y señores han sido los ruiseñores (valga la redundancia). Por otra parte hemos vuelto a coger los torcecuellos que capturamos el otro día y otro nuevo.

Aves Anilladas:

Carricero Común (Acrocephalus scirpaeus) 2 ex.
Curruca Cabecinegra (Sylvia melanocephala) 1 ex. hembra (recaptura)
Curruca Capirotada (Sylvia atricapilla) 3 ex.
Jilguero (Carduelis carduelis) 1 ex. macho
Mirlo Común (Turdus merula) 3 ex. 2 machos y una hembra (1 recaptura)
Ruiseñor Bastardo (Cettia cetti)



Ruiseñor Común (Luscinia megarrhynchos) No me acuerdo del número, pero tendría su gracia que fueran nueve.
Torcecuellos (Jynx torquilla) 3 ex. (2 recapturas)



Aves Observadas:

Abejaruco (Merops apiaster) 1 ex.
Abubilla (Upupa epops) 1 ex. cantando
Mito (Aegithalos caudatus)
Oropéndola (Oriolus oriolus) Al menos un ex. cantando
Tórtola Europea (Stretopelia turtur) 1 ex. cantando

Participantes: Toni Polo, Antonio Cabrera, Toni Pérez, Daniel y Ernesto Jareño, Mónica Escudero, Lorena Martínez, Rafa García y yo.

2 comentarios:

Pablo C.L dijo...

Sí señor¡¡¡ bien entretenido que te ha quedado, eres un genio escribinedo.

Me das envida macho... tanto tiempo sin anillar, pero bueno ya no me queda nada, mañana acabo.

Cuidate¡¡;-)

mikelgar dijo...

Qué bueno Alex!
Imaginación al poder!!!