3 de agosto de 2009

El campo NO es malo (1ª Parte)



“El campo es malo, más malo que todos los demonios del mundo juntos”.

Esta frase se la oí a un hombre al salir de casa, en Villanueva de la Fuente, poco antes de subirnos al coche y poner rumbo de vuelta a València. Por unos instantes medité sobre lo que ese hombre había dicho y estuve a punto de darle la razón, pues, tal y como nos fueron las cosas, el campo, el Ministerio de Fomento y la diosa fortuna nos jugaron una mala pasada. Pero segundos después me vinieron a la mente todos los buenos momentos que el mismo campo y la diosa fortuna nos habían regalado (aquí el Ministerio de Fomento hizo algo menos) desde que habíamos salido, el día 27 de julio, rumbo a las calurosas tierras de la Mancha, y comprendí que esa persona estaba muy equivocada. Pero mejor si os cuento cómo fue y vosotros mismos decidís si el campo es tan malo o se trata de una joya que conservar.

El día 27, a las siete y media de la tarde recogía en la estación a Julio Merayo, Guillermo Mayor y Jana Marco. Teníamos como objetivo acercarnos a Castilla la Mancha, concretamente a mi pueblo, Villanueva de la Fuente (Ciudad Real), con la intención de salir a ver pájaros durante los tres días siguientes. Nuestra idea inicial era visitar las estepas del Bonillo, la sierra del Relumbrar, el parque natural de Cazorla, Segura y las Villas, las Lagunas de la Mancha Húmdea (Alcázar de San Juan, Pedro Muñoz…) y alguna cosilla más. Así que iniciamos el camino con bastante ilusión y ganas de pasarlo bien.
Íbamos consumiendo los kilómetros que nos separaban de nuestro destino a medida que el Sol iba cayendo y dando paso a la noche. Lo cual, no nos impidió, en la parada para cenar que hicimos, anotar nuestras primeras especies del viaje, unas golondrinas comunes (Hirundo rustica) que tenían su nido en la cafetería de la gasolinera donde paramos, una lechuza (Tyto alba) que voló por las cercanías de la misma y un chotacabras pardo (Caprimulgus rufficollis) que la siguió poco después. En el resto del trayecto no conseguimos ver nada más.


A la mañana siguiente, día 28, nos levantamos bien temprano para poder disfrutar de las horas de menos calor mientras veíamos las aves esteparias. Así pues, hacia las seis y media ya estábamos en marcha.


El sol, los campos de cultivo y un madrugador agricultor y su tractor nos brindaron un precioso amanecer

De camino hacia el Bonillo pudimos ver las primeras avutardas (Otis tarda) del día, en grupos poco numerosos en los campos de ambos lados de la carretera. Despegando desde la misma calzada salió un bonito alcaraván (Burhinus oedicnemus). Algo más adelante vimos un animal atropellado. Resultó ser un turón (Mustela putorius).

Un animal precioso y que jamás había visto, una pena que la primera vez sea de este modo. También dentro del mundo de los mamíferos (este por fortuna vivo) vimos un zorro (Vulpes vulpes) paseando por un campo de cultivo en busca de un buen desayuno.

Continuamos nuestro avance. Entonces apareció un grupo de avutardas muy cercano a la carretera y donde encima teníamos la suerte de poder parar. Mientras intentábamos relocalizarlas, pues las habíamos perdido mientras parábamos, localizamos un elanio azul (Elanus caeruleus), otro de nuestros objetivos del viaje y una de las rapaces más bonitas de cuantas podemos disfrutar en España.

Después de un par de paradas intentando localizar a las gangas (Pterocles alchata) fuimos a las Salinas de Pinilla, donde esperábamos verlas bebiendo, lo que no tardó en ocurrir. Primero dos, luego cuatro y luego alguna más, volando, posadas, bebiendo…


Además de gangas las salinas traían alguna sorpresita más. Entre los omnipresentes conejos (Orictolagus cuniculus) no fue difícil sorprender alguna liebre (Lepus granatensis). Entre las aves destacaban las limícolas: avoceta (Recurvirostra avosetta), cigüeñuela común (Himantopus himantopus), un par de correlimos zarapitines (Calidris ferruginea), un archibebe común (Tringa totanus) y uno claro (T. nebularia), algunos chorlitejos chicos (Charadrius dubius), un andarríos chico (Actitis hypoleucos) y un par de grandes (T. ochropus).
Pero no solo de limícolas vivían las salinas, también hacían acto de presencia los rálidos, representados por polla de agua (Gallinula chloropus), focha común (Fulica atra) y unos confiadísimos rascones (Rallus aquaticus) de los que vimos tanto ejemplares adultos como jóvenes.
Otros grupos fueron representados por una única especie, como es el caso de los láridos, con la gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus) o las anátidas con los ánades reales (Anas platyrrhynchos).
Como no también había paseriformes ¡¿Qué sería de las salidas al campo sin ellos?! Se movían por allí algunas cogujadas (Galerida cristata), al menos una terrera común (Calandrella brachydactyla) y un bonito pollo de alcaudón común (Lanius senator) que intentaba cazar insectos en una balsa cubierta de sal.

Pollo de alcaudón común
Cerca del alcaudón había una construcción abandonada en la que descansaban una buena cantidad de palomas domésticas (Columba livia) y un joven ratonero común (Buteo buteo) que las miraba con ojos golositos.


Las salinas suponían una trampa mortal para los anfibios, como esta rana, que junto a algunas otras colgaban secas de un arbusto

Después de todas estas interesantes observaciones nos movimos un poco a pie (sin alejarnos de las salinas) hacia una chopera en la que no paraba de oirse oropéndola (Oriolus oriolus) y donde esperábamos ver rabilargos (Cyanopica cooki). Estos últimos nos fallaron pero a la oropéndola conseguimos verla, así como alguna otra especie típica de sotos como pueda ser el ruiseñor bastardo (Cettia cetti). Además, mientras volvíamos hacia el coche, apareció sobre las salinas un grupo de cuatro o cinco cernícalos primilla (Falco naumani) que nos permitieron una muy buena observación.


Milano negro (Milvus migrans)

Aquí decidimos volver hacia Villanueva otra vez y pajarear un poco por las huertas y alrededores del pueblo. Primero nos dirigimos hacia una zona de campo más abierto, con zonas cubiertas de encinas, cultivos de olivos y campos de cereal segados o en barbecho. De camino hacia allí tuvimos una observación muy buena de una culebrera (Circaetus gallicus) y poco después de un críalo joven (Clamator glandarius) que estaba posado en la carretera.


Críalo juvenil

El Sol caía con fuerza ya y en general había muy poco movimiento. Sólo algunos paseriformes como pinzones (Fringilla coelebs), carboneros (Parus major) o curruca carrasqueña (Sylvia cantillans) parecían atreverse a salir. En la lejanía se oían (y después también veían) algunos rabilargos, y, sobre nuestras cabezas, voló un buitre leonado (Gyps fulvus), un gavilán (Accipiter nisus) y un par de ortegas (Ptercoles orientalis).
Al volver al coche, una curruca cruzó el camino y se metió entre unas encinas. Todos vimos claramente que se trataba de una currca más bien grande. Después de mucho mirar, Guillermo, consiguió verla con claridad, se trataba de una curruca mirlona (Sylvia hortensis).
Con la sorpresa de la currca iniciamos de nuevo nuestro vagabundeo. Ahora nos dirigíamos hacia las choperas y zonas más húmedas de la huerta del pueblo. Por el camino frenazo en seco al ver como nos sobrevolaba una hembra preciosa de aguilucho cenizo (Circus pygargus), mientras en el suelo, en un campo cercano descansaba un pollo de la misma especie.

Tomamos el camino que bajaba hacia la vega del río, con la esperanza de huir un poco del calor. En las choperas, algunas especies típicas de los sotos, oropéndolas, pico picapinos (Dendrocopos major), tórtola europea (Stretopelia turtur)…
Paramos en una de estas arboledas y estuvimos dando una vuelta por la zona. En los chopos pudimos identificar varios nidos de gorrión moruno (Passer hispanoliensis), y, al fijarnos bien en el suelo, vimos que estaba cubierto de los mismos, antiguos y abandonados de otros años.

Caballito del diablo



Visto que tampoco había mucho movimiento por allí y que la temperatura no era mucho más agradable que fuera, decidimos irnos hacia la sierra del Relumbrar, a ver si las cosas estaban mejor. Al subir al coche vi algo que se movía en la acequia que teníamos justo al lado. En un primer momento me pareció una rana o un sapo, pero me mosqueó que no lo había visto saltar, aunque no le di mucha más importancia. Al poner marcha atrás para salir lo volví a ver, esta vez mucho más claro, se trataba de algún tipo de micromamífero… ¡E iba buceando! Bajamos rápidamente del coche para tratar de localizarlo. Después de unos segundos pudimos verlo de nuevo, se trataba, sin lugar a dudas, de un musgaño de Cabrera (Neomys anomalus). Una especie totalmente nueva para todos nostros y que nos hizo muchísima ilusión, dado lo complicadas que resultan de ver estas especies. Aún lo pudimos ver una vez más, correteando incluso fuera del agua durante unos instantes, antes de esconderse en un agujero.

Contentísimos con la observación nos pusimos en marcha. Por el camino alguna culebrera y calzada (Hieraaetus pennatus) y, cómo no, muchos conejos. Al llegar a la sierra, buscamos un lugar fresco junto al río Guadalmena para comer, descansar y darnos un bañito. Mientras andábamos vimos (y oímos), tórtola europea, paloma torcaz (Columba palumbus), mosquitero papialblo (Phylloscopus bonelli) y alguna garza real (Ardea cinerea) que levantó el vuelo desde el río.



Lo más destacable mientras estuvimos bañándonos en el río fue un bonito martín pescador (Alcedo atthis) que vino volando directo hacia nostros hasta que a unos pocos metros de distancia nos hizo un quiebro, mostrándonos su barriga de color naranja brillante.
Mientras comíamos, y quienes podían dormían la siesta, algunos pajarillos eléctricos se movían por las encinas bajo las que nos encontrábamos, una curruca carrasqueña por aquí, una cabecinegra (Sylvia melanocephala) por allá y mosquiteros papialbos por allí.


Al igual que los conejos, la perdiz roja (Alectoris rufa) es una especie muy común por la zona y presa fundamental dentro del ecosistema

Todavía no habíamos decidido qué hacer durante la tarde. De pronto alguien dijo las palabras parque natural de Cazorla. Como si de un hechizo se tratara todos nos levantamos y nos pusimos en camino. Iríamos al parque a ver si veíamos algunas especies de ungulados y rapaces.
El viaje, bajo el inclemente sol de la tarde (he de remarcar en este momento que el coche no tiene aire acondicionado, para hacer notar al lector las condiciones bajo las que nos movíamos) se hizo largo y un poco pesado. Al poco de pasar el embalse de el Tranco estábamos todos muertos de calor y sólo buscábamos un sitio donde poder darnos un buen baño y refrescarnos a gusto. En una zona donde el río Guadalquivir formaba unas buenas pozas y tenía un buen acceso con el coche, pudimos hacerlo al fin. Fue un agradable baño entre truchas arco iris (Salmo gairdneri), barbos (Barbus barbus), cangrejos americanos (Procambarus clarkii), rana verde (Pelophylax perezi) y lavanderas cascadeñas (Motacilla cinerea).



Seguimos avanzando hacia el interior del parque (concretamente buscábamos el Parador Nacional, donde yo había visto otro año gamos, Dama dama), pero a esas horas todavía hacía algo de calor y el bosque parecía muerto, sin vida. Sólo alguna ardilla (Sciurus vulgaris segurae) se atrevía a cruzar la carretera y algun buitre sobrevolaba la zona. Nosotros seguíamos con la esperanza de ver algún quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), pero, a pesar de los muchos sobresaltos que nos dieron águilas calzadas o culebreras no cayó esa breva.
Mientras el Sol iba cayendo alguna especie más daba la cara y aquello empezaba a parecer el bosque animado. Primero un trepador azul (Sitta europaea) cantaba, luego unas cornejas negras (Corvus corone) paseaban junto a la carretera, más adelante un pollo de petirrojo (Erithacus rubecula) se afanaba en buscar alimento entre los matorrales…



Aún hubo que hace alguna parada más para refrescarse a pesar del baño

Y por fin llegamos al Parador. Fuimos andando hacia la parte de atrás que es donde yo sabía que se solían ver los gamos. Mientras nos acercábamos salieron a nuestro paso agateador común (Certhia brachydactyla), pinzón vulgar, carbonero común… No tardamos en localizar (en realidad fue Jana quién lo hizo) el primero de los gamos. Un precioso macho tumbado junto a un matorral que se levantó al percatarse de nuestra presencia. Se alejó lentamente, sin quitarnos el ojo, y seguido de un segundo macho. Lo que se suele decir una observación de lujo.



Disfrutamos un tiempo de las vistas y de los vuelos de tres águilas culebreras y de la gran cantidad de vencejos comunes (Apus apus) y reales (A. melba) que nos sobrevolaban y comenzamos la vuelta, pues el tiempo se nos echaba encima.


En el camino hicimos primero un alto para ver y fotografiar a una bonita cierva (Cervus elaphus), detectada otra vez por Jana, y luego por unas cabras montesas (Capra pyrenaica) que más adelante descubrió la que a estas alturas se había convertido en la "Rastreadora Oficial de Mamíferos" (o ROM, Romi para los amigos).

Lástima de cable, pues la foto es preciosa

En un momento dado la carretera sobrepasa las laderas de las montañas que rodean el parque y llega a un punto desde el cual hay una vista espectacular de los campos de olivos de la provincia de Jaén. Esto sumado con un atardecer precioso nos obligó a parar una vez más a hacer unas fotos, y bendita parada.
En un mismo instante se juntaron un montón de cosas. Decenas de chovas piquirrojas (Phyrrocorax phyrrocorax) se concentraron sobre la cima de una montaña. Entre ellas viajaba algún buitre leonado.
Alguna rapaz más sobrevolaba la zona. Una culebrera, una calzada… y ¿Aquella? Tenía el pecho fuerte y un gran barrigón blanco, ancha de alas que se veían oscuras desde abajo, no había lugar a dudas, un precioso ejemplar de águila perdicera (Hieraaetus fasciatus). Para esta rapaz me gusta mucho el nombre que se le da en valenciano, pues creo que la descrbe a la perfección: águila de panxa blanca, supongo que no hace falta traducción.
Pero si con la perdicera, la concentración de chovas y la variedad de rapaces no era suficiente, todavía faltaba la guinda, la última especie que veríamos ese día. Lo vio Julio llegar. Un bonito alcotán (Falco subbuteo) pasó muy cerca de nosotros dejándonos verlo a placer. En este caso el nombre en valenciano no nos ayudará mucho a describirlo, pero en ese momento me vino a la mente algo que es clavadito a la silueta de esta bella rapaz, la eme del logo de Motorola.
Tras este espléndido final pusimos rumbo de nuevo hacia Villanueva. Si el viaje de ida se había hecho algo pesado y largo, este, para mí, lo fue mucho más. De noche, cansados y con sueño recorrimos los kilómetros que nos separaban de la cena y de la cama.

Llegamos agotados pero muy, muy satisfechos. Al día siguiente nos esperaban las lagunas de la Mancha Húmeda. O eso creíamos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues yo si necesito las fotos para saborearlo a tope. Debe ser mi falta de imaginación, pero la imagen de las golondrinitas no se sustituye ni por un millón de palabras. Gracias Alex.
Saludos Marga

Pablo C.L dijo...

Con lo desconfiados y escurridizos que parecen ser los rascones, aquí también se dejan ver muy confiados cuando hay juveniles...

Menuda suerte el musgaño, si no fuera por fomento que hace acequias a ese no lo bimbais...:-p

Un saludo¡¡¡