10 de noviembre de 2008

Visita a los Humedales Suralicantinos



Este domingo ha tocado una visita a los humedales del sur de Alicante en compañía de Julio Merayo, Luis Vicedo, Jana Marco y Toni Mulet.
Al igual que en las visitas del año pasado la idea era hacer una ruta lineal de norte a sur pasado por el Saladar de Agua Amarga, el Clot de la Seineta, el Clot de Galvany, el cabo de Santa Pola, la playa Llisa y las Salinas de Santa Pola.

A las nueve y media de la mañana (un poco tarde, pero al depender de trenes y las distancias a salvar no se puede hacer otra cosa) estábamos ya todos en la playa junto al Saladar de Agua Amarga observando el movimiento que había en el mar. Estaba especialmente calmado, como una balsa de aceite, así que cualquier cosa que hubiera se podía ver bien. Había bastante movimiento gaviotil. Bandos grandes de reidoras (Larus ridibundus) se alimentaban muy cerca de la costa mientras que las patiamarillas (L. michaellis) y alguna sombría (L. fuscus) se movían de un lado para otro algo más adentro. También los charranes patinegros (Sterna sandvicensis) hicieron acto de presencia con sus vuelos y zambullidas o descansando en las boyas. También se alimentaban en la zona algunos cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo). Poco antes de irnos vimos algún alcatraz atlántico (Morus bassanus) mar adentro.


Alcaudón Real

Nos dirigimos hacia el Clot de la Seineta. El aspecto que ofrecía no era muy esperanzador ya que estaba completamente seco. Nada más llegar vemos despegar a dos aves que se persiguen a ras de suelo. Se trata de un cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) acosando a un gavilán común (Accipiter nisus). Después de unos cuantos quiebro
s, lances y la aparición de un segundo cernícalo el accipítrido decide abandonar y los cernícalos quedan como amos y señores del palmeral.
A parte de las rapaces se ven pocas cosas. Una corneja negra (Corvus corone) que parece estar ahí afincada (no hay que olvidar que es una especie difícil de ver en la zona), algunas grajillas (C. monedula), el cacareo de un pito real (Picus viridis) y algunos paseriformes como petirrojo (Erithacus rubecula), alondra común (Alauda arvensis) y cogujada común (Galerida cristata).
También vimos en la lejanía le vuelo de un r
atonero común (Buteo buteo), siendo la segunda observación de la especie en el día, lo cual no deja de ser curioso al tratarse de una especie poco habitual por aquí.

Después de la sequía avifaunística (y acuática) del Clot de la Seineta decidimos probar suerte en el de Galvany.
Tras unos paseitos, cargados con todos los trastos, por culpa de no buscar bien la puerta conseguimos acceder al sitio. Había bastante paseante por la zona, pero por fortuna cuando llegamos al observatorio sólo había una persona allí haciendo fotos.


Cercetas comunes descansando

En la pequeña charca nadaban unas cuantas cercetas comunes (Anas crecca) y zampullín común (Tachybaptus rufficollis). En las orillas descansaban más cercetas y patos cuchara (Anas clypeata). Lo más animado era el carrizo entre el que se movían montones de estorninos pintos (Sturnus vulgaris), pollas de agua (Gallinula chloropus), fochas (Fulica atra) y calamones (Porphyrio porphyrio). También pequeños pajarillos como mosqiuteros (Phylloscopus collybita) y algún pechiazul (Luscinia svencica). Destaca la observación por parte de Julio Merayo de un picogordo (Coccothraustes coccothraustes) que se ocultó entre las plantas.
En el resto de charcas las observaciones fueron reducidas, o bien estaban secas o bien había pocas aves.

Éste era el aspecto de una de las "charcas" del Clot de Galvany

Aún así pudimos ver aguiluchos laguneros
(Circus aeruginosus), algunas golondrinas comunes (Hirundo rustica), que se resisten a abandonarnos, junto a algunos aviones roqueros (Ptyonoprogne rupestris), bisbita común (Anthus pratensis) y alpino (A. spinoletta), andarríos bastardo (Tringa glareola), agachadiza común (Gallinago gallinago), garcetas comunes (Egretta garzetta) y bueyeras (Bubulcus ibis)... y además un precioso lagarto ocelado juvenil (Lacerta lepida).

Una vez dejamos el Clot a nuestars espaldas y con los estómagos empezando a rugir (a pesar del breve almuerzo que habíamos tenido) nos dirigimos al cabo de Santa Pola. Al igual que en Agua Amarga nos encontramos con un mar muy calmado. Pero claro, con él Sol y el día que había salido todo el mundo había decidido pasar el día en el cabo, por tanto, nos toco buscar un sitio bien apartado para disfrutar de las aves del lugar.
Aparcamos en una zona rocosa en al que habíamos visto a un zarapito trinador (Numenius phaeopus). Éste ni se inmutó con nuestra presencia, dejándonos fotografiarlo y observarlo a placer. Poco después se le unieron tres vuelvepiedras (Arenaria interpres).


Zarapito Trinador y Vuelvepiedras

Mientras tanto en el mar pasaban especies muy similares a las de la mañana: alcatraces, cormoranes, gaviotas reidoras, patiamarillas y Audouin (L. audouinii), charrá
n patinegro... La diferencia la marcaron las pardelas baleares (Puffinus mauretanicus) de las que vimos un grupo de nueve en dirección sur más un ejemplar descansando en el agua.
Disfrutamos un rato más de las aves marinas y nos dirigimos hacia la playa Llisa. Los estómagos ya no rugían, empezaban a morder.
La explicación de la necesidad de hacer una parada en la playa Llisa era la búsqueda de los bisbitas de Richard (Anthus richardii). Especie invernante escasa en España y que suele verse en la zona. Pero este año no deben de haber llegado todavía, ya que a pesar de buscarlos por la misma zona donde los localizamos el año pasado, sólo vimos unos cuantos bisbitas comunes y verderones (Carduelis chlorus), ni siquiera un trino que delatase a los Richard.
A cambio obtuvimos algo mucho menos gratificante, las picaduras de los cientos de mosquitos que se levantaban a nuestro paso... picaduras que, mientras escribo esto, todavía pican.

Decidimos escuchar lo que nuestro cuerpo nos pedía y comimos en la misma playa ocmo unos domingueros más. Aunque no por ello sin prestar atención, ya que ante nosotros pasaban gaviotas picofinas (L. genei) y cabecinegras (L. melanocephala) y en la orilla correteaba un correlimos tridáctilo (Calidris alba) bastante valiente.

Después de reponer fuerzas nos fuimos a terminar el día en las Salinas de Santa Pola.

Empezamos en la Torre del Tamarit. Sobre ella descansaban unas cuantas gaviotas patiamarillas, entre ellas una sombría.
En la orilla de su base había unos vuelvepiedras y un correlimos común (C. alpina).

Correlimos Común


Vuelvepiedras

Al otro lado, ya en las salinas, se agrupaban los flamencos (Phoenicopterus ruber) y cientos de gaviotas (reidoras en su mayoría). Entre ellas se podía ver algún
pato: ánade real (Anas platyrrhynchos), tarros blancos (Tadorna tadorna)... También se veían en el agua somormujos lavancos (Podiceps crsitatus) y zampullín cuellinegro (T. nigricollis). En los taludes de tierra que separan unas salinas de otras había muchas garzas reales (Ardea cinerea), garcetas comunes y una grande (Casmerodius albus)
Lejos, en el carrizo que había se veían bastantes aguiluchos laguneros que iban entrando lentamente a los dormideros.
Cuando ya estábamos comentando que no se había visto nada especialmente interesante en el día, Julio dio la voz de alarma. Flamenco enano (P. minor) entre sus primos mayores. Con una rápida mirada de teles pudimos tacharnos el bimbo y poco más, pues el ave descansaba y no dejó ver más que su pequeño tamaño y el rosa intenso de sus plumas.
Tras la inesperada observación miramos a ver que había al otro lado de la carretra nacional. Un grupito de cigüeñuelas (Himantopus himantopus) junto con archibebes comunes (Tringa totanus), claros (T. nebularia) y uno oscuro (T. erythropus).
Después de que un motorista los asustara pitando al pasar (hay mucho gracioso suelto) seguimos un poco hacia adelante, en las salinas, en un pequeño apartadero que hay.


Tarros Blancos

Justo al lado de donde habíamos parado vimos un grupito de correlimos menudos (C. minuta) junto con más archibebes comunes y chorlitejos grandes (Charadrius dubius) y de los míos (C. alexandrinus).
En las salinas había un grupito de tarros blancos, avocetas (Recurviostra avosetta) y montones de gaviotas y flamencos. El día tocaba a su fin y cada vez había menos luz para ver las aves que nos rodeaban.


Atardecer en Santa Pola

Los mosquitos habían salido a la carga con más fuerza que antes y nos estaban, literalmente, comiendo vivos. Había llegado el difícil momento de plegar teles y guardar prismáticos. Difícil porque siempre que estas cerrando el trípode te preguntas: ¿Y si justo ahora ven un "x" siberiano y yo me lo pierdo por no estar preparado?
Pero al final siempre te resignas y decides huir de los mosquitos...


Silueta de los observadores. De derecha a izquierda: Luis Vicedo, Julio Merayo, Toni Mulet, Jana Marco y la inconfundible cabellera del que escribe.

1 comentario:

franois dijo...

Envidia de día.

Excelente crónica, como siempre